PERSIMON











{febrero 19, 2008}   Escribe aquí el título de la entrada.

Tan cerca estuvo de él, tan cerca sus manos, sus caras… Tan profundos los ojos fijados los de uno en los del otro. Y aun así no supieron llegar hasta la máxima intimidad, entregarse el uno al otro, besarse, pasar la noche en aquel paraje bañado por la luz de la luna, helándose de frío llenando el uno al otro con sus presencias.

Sentados en aquella pared de alguna antigua casa abandonada y destrozada, no dejaron de hablar y reír. Y ella sabía que podía actuar, no estaba nerviosa porque él es el único chico de todos los que le han gustado que le administraba una completa calma al estar juntos. Ni saltos de corazón, ni temblores de manos, ni cortos de la respiración. Totalmente tranquila, con la mente despejada le hablaba y seguía hablándole sin parar, disfrutando de aquel encuentro. Así pasaron una horas enteras juntos hasta que tuvieron que irse.

Y sigue contándole cosas suyas, manteniendo contacto para ver si va a llegar un día el esperado encuentro. Más romántico que amistoso.

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